Presentación emprendedora

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Llega noviembre y con él se empieza a sentir el frío sobre la ciudad, así que -para mantener ese “calorcito” que nos mueve como emprendedores- es oportuna la ocasión para compartir los antecendentes y motivaciones que me han impulsado en esta ruta emprendedora:

Soy un caraqueño que desde pequeño ha vivenciado los contrastes sociales que existen en el país. Mi infancia se desarrolló en el 23 de Enero, una comunidad popular del oeste de Caracas en la que viví mis primeros 10 años, allí estudié y regularmente ayudaba a mis padres en un pequeño comercio que tenían en Catia (frente al mercado Periférico). Debido al cáncer que sufrió mi padre cuando yo tenía 10 años, tuvimos que alquilar un anexo de una casa ubicada en a la Califormia Sur, un sector clase media alta en el este de la ciudad, lo cual representó todo un cambio de visión de mundo. Siempre digo en broma que me tocó cambiar de amigos cuyos vacaciones las pasaban en “Los Cocos” (balneario cercano a Caracas), a compartir con niños que hablaban de su reciente viaje fuera del país. Esto sin duda me dio a entender desde pequeño que no todos “recibimos las mismas cartas”, ni eramos tan iguales en Venezuela.

Desde la adolescencia participé diversas iniciativas: deportivas, conservacionistas, representación estudiantil y en mi experiencias iniciales de vida, guardo con mucho orgullo mi tránsito por el museo de los Niños y el Teatro Teresa Carreño, espacios que profundizaron en mí el valor de la calidad del servicio y el trato constructivo con la gente.

Antes de entrar a la universidad, nuestro país vivió el “Caracazo” y los golpes de Estado de 1992,  hechos que me inquietaron en lo personal y me interpelaban sobre mi vocación futura. Recuerdo que quería estudiar comunicación social para, entre otras cosas, visibilizar y acompañar a la gente en sus problemas, promover mensajes y campañas que le llegaran a mucha gente y generar un impacto positivo en la realidad del país.

Por cosas de la vida no logré entrar en comunicación social, sin embargo, una de las opciones de estudio me abría la posibilidad de acercarme al mundo de las ciencias sociales, y con ello lograr una mejor comprensión de nuestra realidad. Desde que entré a la escuela de Ciencias Sociales de la UCAB no dude en reconocer en que había encontrado mi lugar.

Estando en la universidad, siempre me pregunté porqué la gente que tenía la misma edad que yo estaba tan pendiente de cosas distintas a las mías, llegué a considerar a mis compañeros como “apáticos” frente a los retos y realidades que hemos estado viviendo, lo cual poco a poco fue derivando en una visión mucho más consciente de la ausencia de canales validos y atractivos para los jóvenes. En este contexto aprendí que el activismo, el voluntariado o el emprendimiento social no son tan comunes en nuestro contexto. Aprendí también que toda “ética debe estar acompañada de una estética”, más si se quiere dialogar y actuar junto con otros jóvenes.

Estas premisas las fui puliendo en mi paso por organizaciones de voluntariado, o en las responsabilidades de liderazgo estudiantil de las que tengo magníficos recuerdos, así como en las distintas investigaciones en las que tuve la oportunidad de realizar para mis cátedras. Del mismo modo, mi vocación por la vinculación universidad – país se afianzó en mi gracias a varias experiencias en comunidades rurales y populares de mi país que tuve como estudiante: Tabasca (edo. Monagas), La Esmeralda (edo. Amazonas), El Tisure (Mérida), Angaraveca (edo. Táchira), Tunapui (edo. Sucre) y el acercamiento de un sinfín de barrios de mi ciudad me permitieron reconocer que en esos pequeños punticos en el mapa, que raramente pasan en la televisión con noticias positivas, existen y merecen un trato digno.

Todas estas experiencias me llevaron a la reflexionar sobre las potencialidades para la acción social que tenemos en las universidades y, sin duda, afianzaron en mi la creencia de que nada enseña más que la experiencia práctica de aprender y construir con el “otro”. En esta ruta emprendedora agradezco enormemente a mi familia y a grandes maestros de vida, cuyas lecciones fueron más allá del cuaderno y el pizarrón para reconocer esas otras posibilidades de construcción con el “otro” que, a veces, tanto nos cuestan ver.

En 1999, cuando termino mis 5 años de sociología, el país apenas iniciaba un proceso de transformación política. Ese momento histórico representó un reto profesional que me impulsó a adquirir más y mejores herramientas para la gerencia social, realizar esfuerzos por consolidar a lo que luego se llamaría Opción Venezuela, pero de esto les contaré más adelante ¡La Cosa es Emprender!

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