El BONO demográfico

BonoHay un tema que los estudios de población han tratado de explicar con relativo éxito en los últimos años, y no es otra cosa que el “Bono”. Y en este caso no nos referimos al bono navideño o al cantante de rock. Hablar de un bono se refiere a algo “bueno”, que “puede canjearse”, que “da derecho” a un servicio.

¿Y es qué se puede ganar algo con la demografía? Pareciera que sí. Imaginemos una familia con muchos niños y pocos abuelos, donde habría que suponer que los padres se dedicarían a atender a sus hijos para alimentarlos, educarlos, llevarlos al médico, recrearlos y velar por todo lo que necesiten éstos y también los miembros de la “juventud prolongada”.

Este ejemplo hace entender el porqué los padres suelen esperar y, a veces hasta desear, que los hijos crezcan rápido para que aporten con los gastos del hogar. Cuando los hijos crecen, disminuye la cantidad de dependientes de la familia, aumentan las posibilidades de llevar más “platica” a la casa, es por ello que los demógrafos dicen que estamos frente a un “bono demográfico”.

Pero, ¿qué pasa si los hijos que crecen dejan de estudiar? ¿O si no encuentran trabajo? ¿Y si la “platica” que representa ese “bono demográfico” no llega? Simple, esa familia estará frente a una oportunidad perdida, no podrán materializarse esos beneficios esperados y los compromisos económicos se mantendrán, quizá sin la posibilidad de generar otras fuentes de ingreso para la familia, y se podría llegar a una situación en la que esos hijos envejecerán y tendrán una peso cada vez mayor en la familia, sin garantías generar las condiciones para vivir dignamente sus “años dorados”.

En 1961, el 45% de la población de Venezuela tenía menos de 15 años, y en 2011 bajó a 29%, es decir, que la población activa o en edad de trabajar (15 a 64 años) ha ido incrementándose. A su vez, toca prever también el crecimiento de los mayores de 65 años, que en la actualidad no llegan al 10% del total de la población, pero que dentro de unos 30 años podrían representar un 20%, lo cual nos pone frente a una sociedad que demandará más servicios de salud y seguridad social.

Estas cifras nos invitan a invertir en los jóvenes, quienes representan una inmensa oportunidad y responsabilidad para: educar y potenciar al talento humano, sobretodo en la secundaria y  en el ámbito técnico; fomentar empleos productivos; crear programas de promoción social orientados en temas como la salud sexual reproductiva, disminución de la violencia, integración social, ciudadanía, entre otros.

Hay que prepararse para el futuro, pues este bono no se da de “gratis” y tampoco se repetirá. Esto pasa por construir acuerdos colectivos que vayan más allá de las próximas elecciones y se piense solidariamente en los jóvenes y en los adultos mayores.

En lo personal, dentro de 30 años me tocará ingresar a la llamada tercera edad y me encantaría contar con unos servicios de salud y seguridad social de calidad. Sin embargo, aunque no sepamos cuál será el precio del petróleo para ese momento, estoy convencido de que con nuestro accionar o con nuestra omisión, sabremos en el futuro si supimos aprovechar esta oportunidad, o no. Si el reto es “construir el país que queremos en el país que tenemos”, definitivamente: La Cosa es Emprender.

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