Emprendimiento: Algo más que autoayuda

¿Cómo reaccionaría usted si se entera que en la maternidad por cada diez muchachos que nacen mueren nueve? Se formaría un escándalo de “Padre y Señor nuestro”. Afortunadamente eso no ocurre con la salud materno infantil en nuestro país. Sin embargo, en lo que tiene que ver con la consolidación de las nuevas empresas, la “tasa de mortalidad infantil empresarial”, como me gusta llamarlo, sí muestra estos alarmantes indicadores, convirtiéndose en un problema que afecta nuestra dinámica económica y las esperanzas de mucha gente y nuestras posibilidades de inclusión y la convivencia ciudadana.

Se ha dicho que Venezuela es un país de gente emprendedora, al respecto el Monitor Global de Emprendimiento -estudio realizado a escala internacional, cuyo capítulo Venezuela es llevado a cabo por el IESA-, advirtió en el período 2011-2012 se registró que un 15,6% de nuestra población en edad de trabajar, se encuentra ocupada en una actividad emprendedora temprana. Según estos cálculos, nos encontraríamos frente a poco más de dos millones y medio de personas iniciando un emprendimiento, de los cuales tan solo unos doscientos sesenta mil emprendedores logran consolidarse, y sobrevivir, luego de los tres años.

En mis conversaciones siempre hago el ejercicio de preguntar cuáles pueden ser las causas de esta situación y qué se puede hacer al respecto, y sobre este particular saltan múltiples factores, ante lo cual se concluye que: si bien la motivación y los esfuerzos que realizamos para promover el emprendimiento en Venezuela son aspectos fundamentales, no son suficientes para poder disminuir la enorme “mortandad” de empresas nacientes.

El emprendimiento es algo más que recetas de autoayuda y la celebración de casos aislados de éxito. Es pertinente pensar el asunto desde un plano integral que tome en cuenta no solo el plano individual, enfocado en el desarrollo de habilidades y herramientas emprendedoras; sino también el plano de las organizaciones, donde es pertinente estar atentos a la existencia de estrategias de organizaciones públicas y privadas, así como su pertinente articulación; tampoco se puede ignorar el plano macro en el que se desenvuelve todo emprendimiento, donde es fundamental no desconocer los indicadores de desarrollo económico, el tamaño de los mercados, legislación, incentivos, promoción de tecnología e innovación, entre otros asuntos que puedan dinamizar y reactivar la economía de un país. Estos tres planos representan la topografía del ecosistema emprendedor sobre el cual es necesario pensar y actuar.

En tiempos de “Comisión de la Verdad Económica”, si para algo sirven las crisis es para identificar oportunidades de rectificación. Esperemos no demorar más tiempo para empezar a tomar acciones integrales que permitan disminuir las amenazas hacia la actividad emprendedora e impulsar una sociedad que supere las ataduras del rentismo y la dependencia económica. #LaCosaEsEmprender.

(Este artículo fue publicado en la Edición 34 del Suplemento de Responsabilidad Social: Nota Responsable el 26 de marzo de 2014)

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