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Ábrela Cuando… Sientas que Fracasaste Intentando Lograr tus Sueños!

(A petición de mi amiga Tibaire y Henry, me invitaron a escribir una carta para su hija Anniela, quien hoy 20 de octubre de 2016 cumple 15 años. Esta carta se escribió bajo el concepto: “Ábrela Cuando…” y aplica según distintas situaciones que pudieran llegar a ser dilemáticas para Anniela en el futuro. Bueno, aquí está mi regalo para Anniela, para abrirla cuando sienta que fracasó intentando lograr sus sueños y recupere los ánimos para seguir adelante)

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¡Felicidades Anniela!

Si consideraste abrir esta carta es porque, muy seguramente, no entiendes por qué en esta oportunidad las cosas no salieron como lo deseabas. Quizás sientas que has realizado un esfuerzo grande por llegar hasta aquí, y el resultado no te satisface. Pese a que puedo llegar a comprender tu malestar, y la “frustrachera”, es decir, esa mezcla de frustración con rabia que puedes tener en este momento, quiero decirte: ¡No te rindas!

Mucha gente está petrificada en su zona de confort, en sus miedos, en su inercia, quejándose de su situación actual, sin intentar alcanzar sus sueños. Resulta que solo aquellos que se atreven a lograr sus sueños corren el riesgo de alcanzar sus metas, o aprender de la experiencia pese a no obtener lo deseado, y quiero que sepas que ambas cosas ya son una ganancia.

Quien te escribe ha tenido no uno, ni dos, sino muchos tropiezos y caídas en ese caminar hacia las cosas con las que sueño. Todavía me falta mucho, pero en el camino he aprendido a cultivar la perseverancia, la resiliencia, la creatividad, el trabajo en equipo y la humildad.

Perseverancia para mantenerme pese a las caídas, para levantarme y seguir adelante, o como diría Winston Churchill: “El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo”.

Ahora bien, no siempre es pertinente quedarse de manera terca en una misma posición, por ello, te recomiendo que acompañes esa perseverancia con la capacidad de sobreponerte a las caídas con resiliencia, a reinvenarte con creatividad, y estar abierta a trabajar en equipo y aprender de tus compañeros de sueños pese a que no piensen igual que tú. Recuerda el proverbio africano que dice: “si quieres llegar rápido anda solo, si quieres llegar lejos ve acompañado”. Y no menos importante es aprender de la gente con humildad. Llámese clientes, público, audiencia, participantes, comunidad, sus objeciones, sus respuestas negativas te ayudarán a crecer, a pulir y generar una versión mejorada de tu propósito. Nunca dejes de escuchar los tesoros que pueden darte las personas que tienes a tu alrededor.

Con todo lo que he caminado y lo que me falta por caminar, no me arrepiento de mis caídas, de mis fracasos, pues no solo me han enseñado a mejorar mis argumentos, sino que también me han ayudado a despojarme de la armadura racional y supuestamente “carente” de sentimientos que me ponía para que los demás no me hicieran daño. Por ello valoró el hecho de aprender de los demás aunque lo que me digan o hagan no calce con mi visión de mundo.

De acuerdo a lo que dice el zorro de El Principito, la capacidad de reconocer que “Solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos” será lo que te hará grande y estoy seguro que cuando logres tus sueños, disfrutaremos el resultado. En ese momento, todo lo aprendido tendrá sentido. Finalizo nuevamente citando al zorro de El Principito cuando dice: “Eres responsable de aquello a lo que le dedicas el tiempo”. #LaCosaEsEmprender

lobo

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Elogio de la paternidad

Paternidad

“Un padre no es aquel que da la vida, eso sería demasiado fácil, un padre es el que da amor” Denis Lord 

Tenía 17 años cuando fui a ver al urólogo para que me explicara que significaba algo que decía el espermatograma. Quería entender por qué por tercer año consecutivo me mandaban a hacer este examen. Ya sabemos que dichos exámenes médicos aparecen casi siempre en un lenguaje extraño para los no- médicos, lo cual era mi caso que motivaba mi inquietud y curiosidad. En dichos informes aparecía una y otra vez la palabra “azoospermia”.

El urólogo esta vez no dio muchos rodeos: “usted no puede tener hijos”. Esta opinión experta y autorizada por el Colegio de Médicos del Distrito Federal y estado Miranda, cayó como un relámpago sobre mi ser. Todas aquellas ilusiones que empezaban a gestarse de algún día ser papá y las frases de mi viejo -que ya se me había ido, pero guardaba en el corazón-, sobre el cariño que tendría hacia mis hijos, se pulverizaron en un instante.

Ese día me recuerdo haber llorado desde que salí del consultorio hasta la casa de una noviecita que tenía, a quien le decía que “no podíamos ser novios porque no podía tener hijos”. El mundo se me había derrumbado como hombre y no sabía qué me esperaba.

En casa no sabía cómo contarlo, de hecho hasta hace poco no lo había compartido con mucha gente. Recuerdo haber hablado con mi profesora de psicología del colegio, quién me regaló la posibilidad de sobreponerme al hablarme de la responsabilidad de ser padre: “padre no es el que engendra, padre es el que cría y acompaña”.

Al poco tiempo se presentó uno de mis primeros desafíos profesionales, apliqué y quedé en el Museo de los Niños, una maravillosa experiencia de servir a tantos niños y enseñarles de una forma divertida; luego de eso vino también la entrada al mundo de la sociología, y poco a poco fui creciendo personal y profesionalmente. La trascendencia la he visto posible desde la huella que mi emprendimiento puede dejar en este mundo.

Pero debo confesar que en la dimensión de mis afectos, en mi capacidad de comprometerme con un proyecto de procreación de un nuevo ser era algo que evadía y que me dolía pensar, y comprometerme, dada la frustración que esta creencia limitante de mis potencialidades como padre significaba para mi.

No vengo a juzgar cómo lo hacen, o lo están haciendo otros padres, vengo simplemente a compartir un deseo del alma que había sentido negado para mi. Creo que necesitamos a más padres responsables, y este aprendizaje ha sido desde la oportunidad de ver mis deseos de ser padre refrenados durante años.

Mi vocación ha sido la de servir al prójimo, compartir un mensaje de ánimo entre tanto desaliento, y ante la confesión que hoy traje, mi manera de manera de automotivarme ha sido como dice la canción de Hector Lavoe: “Y sigo mi vida / Con risas y penas / Con ratos amargos / Y con cosas buenas (…) Y a los que me siguen / Mi canción vine a brindar”.

Con este escrito aspiro superar de una buena vez ese resentimiento que he tenido conmigo mismo por esa condición, alcanzar la paz que me permita seguir generando frutos no solo en mi entorno profesional, sino personal. Pero también dejar la resignación, el autosaboteo y las parejas “no disponibles” que no se resuelven a construir el ambicioso emprendimiento de una familia.

Así que además de Felicitar a todos los padres responsables en su día, lanzo al mundo mi deseo por también dar vida y amor a través de la paternidad.

#LaCosaEsAmar