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Confieso que he emprendido

Confieso que he emprendido… Opción Venezuela llega a los 13 años en la compleja, intensa y apasionante aventura por emprender y mantener un sueño dentro nuestra Venezuela. Desde el 2002 ha corrido mucha agua debajo del puente, y me permito compartir con ustedes algunas situaciones que nos impulsaron a emprender, los aprendizajes significativos que hemos obtenido, así como las apuestas a futuro que tenemos desde la perspectiva de todo lo vivido.Felixxi BN

Hace 13 años, veía varios retos sobre los cuales quería trabajar: por una parte, sentía que en nuestro país existía una crisis de liderazgo, que se manifestaba en la miopía ante los problemas e inequidades que nos afectan, que derivaron en la polarización política y el resentimiento social. Por otra parte, el sistema educativo parecía estar de espaldas a nuestra realidad, puesto que percibía que no se estaba avanzando en sentar las bases de una sociedad productiva y solidaria. Estos fueron los desafíos que me impulsaron a actuar en un inicio y me siguen motivando a actuar con más fuerza en la actualidad.

Apostando por un “País que se Vive”

Pese a las problemáticas que nos han acompañado en estos años, Opción Venezuela fue una excusa para dejar de “padecer el país” e invitar a construir un “País que se vive”. En la génesis de esta iniciativa, hubo una exploración y visualización de aquello que deseábamos construir, discusiones entre amigos para validar enfoques, anhelo de las primeras fotografías en acción –como prueba de que lo que hacíamos era más que pura habladera-, y muchos deseos por aprender a emprender.

El camino de este emprendimiento no ha estado exento de dificultades: restricciones de orden financiero y para conseguir financistas, rotación del equipo, compañeros que se inclinan por otros proyectos -y aunque físicamente ya no continúan en Opción Venezuela, llevan la semilla de lo aprendido con nosotros a otros lugares-, entre otras adversidades más. También vale decir que eso de la inseguridad o la inflación, que tanto aparece en las noticias, no fueron sucesos ajenos, puesto que hace casi diez años me tocó vivir una situación de “secuestro express”, o en 2008 hasta tuvimos que cerrar nuestra oficina por unos meses por no contar con el financiamiento para poder mantener a nuestro equipo de trabajo. Estas situaciones que a algunos los ha motivado a migrar de nuestro país, en nuestro caso nos dimensiona el reto que tenemos por delante a sabiendas de que no estamos en “Disneylandia”.

En un inicio nos centramos en trabajar en pos de la responsabilidad social de los jóvenes universitarios, posteriormente nos dimos cuenta que el enfoque con el que estábamos actuando era muy reactivo y nos ponía a depender de las directrices de los financistas. Poco a poco el modelo se fue depurando hasta ampliar su radio de acción, ya no solamente hacia el público universitario, sino también para incursionar en temáticas como inclusión digital y el emprendimiento juvenil.

Apoyar a los que vienen

Este recorrido emprendedor ha dado lecciones que permiten, luego de más diez años de actividades, contar con un activo de experiencia y conocimiento práctico para seguir haciendo nuestro trabajo. De Angelo Burgazzi, destacado emprendedor de nuestro país, aprendí que la responsabilidad de los emprendedores que logramos consolidarnos en el tiempo es apoyar a los que vienen.

Venezuela es un país con una tasa de mortalidad empresarial, según la cual, de cada diez iniciativas emprendedoras que arrancan, tan solo una logra superar los tres años de existencia. Es decir, nueve se quedan en el camino. Los factores que inciden en esta situación pueden ser diversos pero desde nuestro análisis estratégico, se apuesta por elevar la cultura emprendedora desde la escuela y motivando a los más jóvenes para que aprendan a emprender, así nació el programa #OpciónEmprender.

En un país que atraviesa una profunda crisis en su modelo social y productivo, #OpciónEmprender le propone al país un sistema de formación que vincula la educación presencial y a distancia para que los jóvenes de escuelas populares desarrollen emprendimientos productivos que les permitan asumirse desde temprana edad más allá de la perspectiva del empleado, desarrollando competencias y capacidades para la vida y el emprendimiento. Actualmente este programa se desarrolla con escuelas populares de Fe y Alegría en distintos estados del país (Lara, Portuguesa y Barinas).

Podemos confesarles que nuestra apuesta es la de promover una educación diferente a la que hemos conocido, una educación capaz de ayudar a nuestros jóvenes a identificar sus sueños y luchar por lo que les apasiona, aportándoles herramientas para emprender sus iniciativas y generar impacto en su entorno.

Frente a las dificultades, nuestra pasión por emprender no ha menguado, más bien ha madurado y se fortalece con el tiempo, procurando inspirar a más y más personas a sumarse a levantar una esperanza común para Venezuela. Nuestra meta es la de llevar la bandera del emprendimiento y la solidaridad a más y más escuelas, universidades y jóvenes de Venezuela y nuestra América Latina. Para nosotros la reconstrucción del país ya empezó bajo la consigna: “Construye el país que quieres en el país que tienes”. #LaCosaEsEmprender

Nace una visión BN


(Esta publicación fue realizada originalmente a petición de El Diario de Guayana, quien nos invitó a participar en su edición especial denominada  “Pasión por Emprender” a propósito de su doceavo aniversario. Con motivo de los 13 años de Opción Venezuela nos permitimos realizar una adaptación de este escrito)

Una frontera hacia la ciudadanía

6bd84258eced7c31313bf345dba8d3dfLa noción de frontera nos alude a lo que nos separa o debemos transitar para dirigirnos hacia otro lugar y otra cultura. Cruzar una frontera es visto como cruzar un puente, bajar de un barco, aterrizar de un avión y hasta sellar un pasaporte en una taquilla de inmigración.

Si estamos de acuerdo con esta noción de frontera, llama la atención cómo muchas personas señalan que el respeto de sus derechos y el cumplimiento de deberes se encuentra fuera del territorio al que se pertenece, valorando así el comportamiento colectivo alcanzado en otras sociedades, a las que se califica como “más desarrolladas”. Pareciera entonces que las posibilidades de mejorar nuestra convivencia con los demás se tratara únicamente de un asunto geográfico, sin preguntarnos de dónde proviene realmente esa posibilidad de respetar el derecho de los demás, y gozar de una mejor calidad de vida.

Pareciera entonces que el derecho a tener derechos, así como el deber de reconocer y cumplir los deberes, como es entendida la ciudadanía, pareciera estar vetada a determinados espacios, sin advertir que muchas veces las personas pueden transitar de una frontera a otra llevando en su maleta costumbres y hábitos que favorecen o impiden una adecuada integración al espacio al que se desea ingresar. Así por ejemplo: irrespetar la luz de un semáforo puede ser una acción muy frecuente por una persona en Caracas, pero esta misma decisión en Bogotá, Nueva York o Madrid podría ser muy distinta.

Detrás de cualquier decisión sobre cómo relacionarnos con los demás hay que prever no solo las consecuencias que podrían tener nuestros actos, sino también el aprendizaje social. Esto que acabamos de afirmar puede ser visto desde dos perspectivas: una visión pesimista, según la cual “el mundo no cambiará”, el tramposo nunca será castigado, inclusive hasta puede llegar a exaltarse al que trasgrede las normas en beneficio propio. Sin duda alguna, en este contexto impera la “viveza criolla” y el “sálvese quien pueda”.

La otra perspectiva es más esperanzada y nos invita a asumir un cambio desde nosotros mismos, aprendiendo a desarrollar nuestras propias potencialidades, permitiéndonos evolucionar como personas y como ciudadanos, así como también nos motiva a emprender iniciativas que dejen huella y añadan valor a nuestra sociedad. En contraste a la visión pesimista, este es el campo del heroísmo cívico que se resiste al conformismo y día a día desarrolla fortalezas para transitar hacia un mundo mejor.

Puesto que no nacemos ciudadanos, la frontera hacia la ciudadanía se transita dentro de cada uno de nosotros. Es importante promover las habilidades y referentes que le permitan a la gente aprender lo que significa ser un “buen ciudadano”, en la familia, la escuela, el trabajo o en la calle. Así como Martin Luther King declaró la frase “Yo tengo un sueño” -y así cohesionó a una significativa proporción de la población de los Estados Unidos en su deseo de luchar, sin abandonar su territorio, por una mayor inclusión-, hoy nos toca soñar y luchar para transitar esta frontera hacia el respeto que todos nos merecemos y poder avanzar como sociedad. #LaCosaEsEmprender.

Entre la magia y la memoria

e82686283916491708e69b07ff5d144bImagine por un momento un país en crisis. Sus universitarios salen a protestar a la calle debido a las adversas condiciones económicas y sociales, así como en contra de la represión del gobierno. Enardecidos se encapuchan para lanzarle bombas molotov y piedras a la policía, su objetivo del día es tomar la autopista más cercana acompañados de consignas contra el Régimen: “¡Y va a caer, Y va a caer, este gobierno va a caer!”. En sus protestas les hierve la sangre de rabia por los compañeros caídos así como por todos los mártires que han venido cayendo desde hace años.

A estos estudiantes les indigna el conformismo del resto de la población a quienes perciben insensible y entregados a sus mezquinos intereses individuales. Los medios de comunicación han optado desde hace rato por no darle prensa a estas noticias tan incomodas para quienes detentan el poder.

La clase gobernante luce divorciada de la población y no es capaz de recrear las condiciones que le permitan a ese pueblo alcanzar el tan cacareado progreso que tanto proclaman. En cambio, a diario van recibiendo más y más protestas de sindicatos y de la gente indignada. La salud, la educación, se van poniendo en pie, mientras se registra el rumor de las constantes quejas callejeras por la escasez de alimentos o el costo de la vida.

“Hace poco mataron a un muchacho por un par de zapatos” dice una señora en la esquina. Un destacado analista alarma sobre el incremento de las muertes de jóvenes a causa de del hampa y la violencia entre bandas, que se desborda -entre otras razones- a la falta de oportunidades de empleo y estudio en el país.

La oposición luce perpleja y confundida, no logran ponerse de acuerdo para construir con la gente una alternativa que entusiasme al país. Ante la opinión pública sus peleas se parecen a las de los borrachos que se disputan lo que les queda de la botella. Según el oráculo de las encuestas, el hombre estudiado en la universidad de Yale, con percepción de buen gerente y perfecto inglés en su currículo, de quien se dice que mira con prepotencia a sus supuestos aliados, parece ser el ungido en esta oportunidad.

La población busca sobrevivir al día a día, en medio de su aflicción esperan una solución mágica que pudiera representar ese hombre o esa mujer que vieron la otra vez en la tv hablándole fuerte al gobierno. Su deseo de venganza les da la esperanza de que un día alguien pueda acabar sus penurias. Muchos se debaten entre esperar a las próximas elecciones o si se cumple la predicción del astrólogo que vaticina que esto se acabará pronto.

¿Saben de cuál país hablamos? Venezuela ¿Saben a cuál año nos estamos refiriendo? Aunque muchos de estos hechos nos traen al momento presente, la verdad es que muchas de estas cosas ocurrieron en 1998 ¿Hemos aprendido algo desde entonces?  De momento la memoria va perdiendo frente al pensamiento mágico. #LaCosaEsAprender