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País de tripas corazón

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Imagen original de Alberto Montt

El día a día del venezolano del siglo xxi está plagado de una letanía de miedos, desconfianzas, desabastecimientos, inflación, agresiones, balas, duelos, huidas, entre otras adversidades que muestran la crisis de un modelo que a la fecha no da señales de pronta recuperación, peor aún: avizora una profundización en su deterioro que nos podría afectar con mayor fuerza.

Esta realidad es percibida por muchos con desesperanza, resignación y la creencia de que no tenemos la capacidad de recuperarnos de esta mala hora que experimentamos. No pocas veces se me ha interrogado con la pregunta: ¿Cómo se puede emprender en un país así? Como queriendo hacer ver una verdad indiscutible e invitando a “apagar la luz” para irnos todos.

Confieso que no estoy ajeno a todos los factores de riesgo que nos aquejan, de hecho, mientras hago mi mejor esfuerzo por generar excusas que nos impulsen a cambiar esta realidad, a diario espero no salir sorteado en nuestra “lotería de la destrucción”. Es en este punto de la historia que me pregunto si realmente: ¿Podrán ahuyentarnos, barrernos y pulverizarnos a todos?

La verdad es que no podrán, pero eso no indica que saldremos ilesos de esta hecatombe a la que estamos asistiendo, por eso es importante hacernos de herramientas y enfoques que nos ayuden a afrontar el temporal sin desesperanzas aprendidas, ni falsos optimismos. Al respecto, quiero tomar un concepto de la psicología que en nuestro contexto no solo aplica a casos particulares, sino que da pistas para la inminente reconstrucción social que nos toca encarar: me estoy refiriendo a la resiliencia.

La resiliencia define el resorte de los que, habiendo recibido un golpe, han podido sobreponerse. Se refiere a la combinación de factores que permiten a una persona a afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, para así hacer posible una vida sana en un medio insano. Esto puede suponer no solo la resistencia frente a la destrucción y la protección de la propia integridad en condiciones amenazantes, sino también la capacidad de enfrentar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable y constructiva. Quien desee profundizar en esto puede revisar el aporte de autores como Suárez, Rutter, Vanistendael sobre este tema.

Para que la resiliencia sea posible, es imprescindible superar el derrotismo y dejar de vernos el ombligo. Considero pertinente explorar las lecciones que no solo nos dan las personas, sino las sociedades que han logrado superarse con reflexión, iniciativa, creatividad, autonomía, solidaridad, trascendencia, buen humor, entre otros atributos que se ponen a prueba en momentos de crisis y hacen posible una transformación positiva.

Si algo sabemos los emprendedores es hacer de tripas corazón para sobreponernos a las caídas y perseverar, por eso urge alentar liderazgos que faciliten que la gente crezca y desarrolle sus potencialidades en medio de las adversidades. Hoy más que nunca Venezuela merece vernos fortalecidos como personas y, colectivamente, nos toca juntar nuestras voces para apostarle a la vida, la paz y la prosperidad para todos. Otra realidad aún es posible. #LaCosaEsEmprender

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El Principito y el poder de una Visión

"He aquí mi secreto que no puede ser más simple..."

“Sólo se ve bien desde el corazón, lo esencial es invisible a los ojos. Eres responsable de aquello a lo que le dedicas el tiempo”  El zorro a El Principito

¿Esta frase que el zorro le regala a El Principito tiene alguna relación con el emprendimiento social? En las últimas semana le he realizado esta pregunta a jóvenes de escuelas populares de Caracas. Sobre esta experiencia confieso que ha sido un reto pedagógico acercar el tema del emprendimiento social a jóvenes que, en muchos casos, van a la escuela con el morral cargado de dificultades de distinto tipo y a quienes esta idea les resulta ajena en primera instancia.

Adicional a los dilemas que supone tránsito de la niñez al mundo adulto, su contexto no está carente de desafíos de distinto tipo, el aquí y el ahora de muchos de estos jóvenes está signado por la violencia. Una violencia reflejada en las pistolas con las que frecuentemente hacen alusión. Una violencia que en muchos casos se refleja dentro del hogar. Una violencia que sienten por la cantidad de basura que les rodea por las calles, que paradójicamente choca con la carencia de canchas y espacios recreativo para jugar y encontrarse con sus amigos. Una violencia radioactiva que explota producto de una intolerancia tal que es capaz de reaccionar ante una supuesta mala mirada o alguna “culebra” heredada en el barrio. Una violencia que se convierte en la principal causa de muertes de nuestros jóvenes venezolanos.

¿Cómo motivar el emprendimiento en medio de tanta violencia, peor aún, en medio de tanta desesperanza aprendida, pues ya a tan corta edad, hay quienes abandonaron cualquier sueño y confiesan que “esto no va a cambiar“? Esta es la pregunta a la que me he tenido que enfrentar en estos días.

Aquí es cuando vienen al caso las palabras de Antoine de Saint-Exupéry, cuando relata las palabras que el zorro le obsequia al Principito: “…Sólo se ve bien desde el corazón, lo esencial es invisible a los ojos…”. Creo que cualquier emprendedor puede convenir conmigo que la chispa del emprendimiento no viene precisamente del mundo de la racionalidad, o el análisis frío de la realidad. Una realidad que para mucho es percibida como un “padecimiento” que no podrá cambiarse, digno para un estudio de Martin Seligman sobre la desesperanza aprendida.

Soy de los que cree que sin corazón no hay obra humana, colectiva, ni organización posible, mucho menos es posible un cambio en las cosas de las que nos quejamos, es por ello que solo cuando se hace posible “ver desde el corazón” aquello que “es invisible a los ojos“, se abren las puertas para que empiecen a suceder grandes cosas.

Siempre que explico lo que es una visión, pongo el ejemplo de una madre quien al tener a su hijo en brazo solo desea para él una sola cosa: “todo lo mejor“. Con el niño en brazos esa madre no saca cuentas de cuántas arepas cocinará, ni cuántos pares de zapatos comprará, o lo que tendrá que pagar a un preparador cuando raspé en matemáticas, no. En ella solo hay una energía que es “invisble a los ojos” que le permite entregar buena parte de su vida para que esa “criaturita” que tiene en brazos alcance eso que ella llama “todo lo mejor“. Imaginen la cara de esa madre cuando su hijo se gradué, se case y logre un trabajo deseado.

Así como sueña esa madre, también puede ocurrir en las parejas de enamorados y hasta en los colectivos quienes, pese a las adversidades del presente, pueden “ver desde el corazón” y se hacen responsables de sus legítimos sueños y aspiraciones.

Si esto es así, considero que en la Venezuela actual: “La peor derrota es la derrota del corazón”, quienes  solo se atienen a los hechos “visibles” y no son capaces de ver más allá, y mucho menos involucrarse en la construcción de otra realidad posible, de seguro actúan como avestruces metiendo la cabeza en la tierra, siendo complices de aquello que les afecta o migrando a otras sociedades llevando su desesperanza a cuestas. Las adversidades enseñan y nos retan a emprender propuestas superadoras a nuestros problemas. Por nuestros jóvenes y nuestro país… “Eres responsable de aquello a lo que le dedicas el tiempo” #LaCosaEsEmprender