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Envejecer con dignidad

796f0b80e3552cbfdf9685014ad7e36benvecejer-con-dignidad-titulo Si usted que me lee, es menor de 40 años, muy seguramente pensará que lo que viene a continuación no le incumbe. Vivimos en una sociedad que le rinde culto a la juventud y aún no sabe cómo manejar óptimamente la situación de sus adultos mayores. Lo cierto, es que con el pasar de los años cada quien va avanzando a la edad madura, entendida según el director francés Jean Barrault como: “aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo”. Entonces, ¿Qué tanto estamos acompañando el esfuerzo de tantos que han dedicado sus mejores años de vida a nuestra colectividad?

Venezuela en la actualidad cuenta con una oportunidad única e irrepetible, puesto que la cantidad de personas dependientes ha disminuido su proporción. En los años 60, cerca del 48% de la población era o menor de 15 años, o tenía 65 años o más -de hecho, las expectativas de vida a mediados del siglo pasado era de 55 años-; 50 años después, en el Censo 2011 se pudo observar que la población venezolana cuenta con un 67% de su población en edad para trabajar, y un 33% de personas dependientes. Lo cual muestra un descenso de la proporción de personas menores de 15 años, y un ligero ascenso de la población con más de 65 años. En esta nueva realidad, las expectativas de vida superan los 70 años. En pocas palabras, pasamos de tener una relación de una persona productiva por cada persona dependiente; a tener dos personas productivas por cada persona dependiente, y con mayor chance de vivir más años.

Hay que tomar en cuenta que la población mayor de 65 años se seguirá incrementando paulatinamente. Actualmente se estima que ese 6% de la población represente aproximadamente 2.5 millones de personas y en 2030 podría llegar a significar un 20% de personas dependientes de la tercera edad, por lo que la sociedad tendrá que realizar importantes esfuerzos para atender, no solo a su población con menos de 15 años, sino al volumen significativo de nuestros adultos mayores.

Este “bono demográfico” luce numéricamente interesante, sin embargo: ¿Qué ocurre si no lo sabemos aprovechar significativamente? Pues, algo de eso ya está ocurriendo. Todavía hay asignaturas pendientes en el hecho de: 1) dinamizar la economía para poder canalizar la capacidad productiva de la población en empleos y emprendimientos dignos; 2) educar y potenciar al talento humano -sobre todo en la secundaria y en el ámbito técnico-; 3) crear programas de promoción social orientados en temas como la salud sexual reproductiva; 4) generar los incentivos para que sectores significativos de la población no se sientan forzados a migrar hacia otras latitudes; 5) lceedisminuir la violencia, en paralelo a la promoción de la integración social y la ciudadanía.

Toca distinguir que el crecimiento económico no mejora automáticamente el bienestar de las personas mayores, por lo que deben contemplarse políticas específicas para tratar las repercusiones del envejecimiento, tal como lo advierteHelpAge International (organización británica de ayuda a la vejez), quienes en 2015 publicaron el Índice Global de Envejecimiento, AgeWatch.

Según este Índice Global de Envejecimiento, Venezuela ocupa la posición 76 de 96 países evaluados en este índice. Muy a pesar de que se evidencia un buen posicionamiento en la categoría de salud, gracias a las expectativas de vida de la población, y contar con una cobertura de pensiones que se acerca al promedio en la región, lamentablemente se registra también la tasa más alta de pobreza entre ancianos, y se obtuvo una de las últimas posiciones en la medición del “entorno favorable”, para el cual se vieron afectados negativamente indicadores como: seguridad, libertad civil y satisfacción con el transporte público.

Estos datos son apenas el abreboca para una reflexión profunda, que nos invita a no desaprovechar nuestro “bono demográfico” y advertir la importancia de una atención digna para nuestra población de tercera edad, de la que formaremos parte tarde o temprano. Estoy convencido de que con nuestro accionar o connuestra indiferencia, podremos envejecer con dignidad o no. #LaCosaEsEmprender.

Félix Ríos Álvarez (@Felixxi) ~ Emprendedor social

envecejer-con-dignidad(Este artículo fue publicado en la Revista RSE Venezuela, año 6, nro 34, dar click a la revista para ir a la versión digital. Con esta publicación nos solidarizamos con nuestros amigos de RSE Venezuela y coincidimos con Pablo Rincón, su director editorial, cuando dice que “se acerca el amanecer y con él estamos seguros de que la RSE será la luz de una nueva Venezuela” ¡Esperamos tenerlos pronto de regreso!)

El BONO demográfico

BonoHay un tema que los estudios de población han tratado de explicar con relativo éxito en los últimos años, y no es otra cosa que el “Bono”. Y en este caso no nos referimos al bono navideño o al cantante de rock. Hablar de un bono se refiere a algo “bueno”, que “puede canjearse”, que “da derecho” a un servicio.

¿Y es qué se puede ganar algo con la demografía? Pareciera que sí. Imaginemos una familia con muchos niños y pocos abuelos, donde habría que suponer que los padres se dedicarían a atender a sus hijos para alimentarlos, educarlos, llevarlos al médico, recrearlos y velar por todo lo que necesiten éstos y también los miembros de la “juventud prolongada”.

Este ejemplo hace entender el porqué los padres suelen esperar y, a veces hasta desear, que los hijos crezcan rápido para que aporten con los gastos del hogar. Cuando los hijos crecen, disminuye la cantidad de dependientes de la familia, aumentan las posibilidades de llevar más “platica” a la casa, es por ello que los demógrafos dicen que estamos frente a un “bono demográfico”.

Pero, ¿qué pasa si los hijos que crecen dejan de estudiar? ¿O si no encuentran trabajo? ¿Y si la “platica” que representa ese “bono demográfico” no llega? Simple, esa familia estará frente a una oportunidad perdida, no podrán materializarse esos beneficios esperados y los compromisos económicos se mantendrán, quizá sin la posibilidad de generar otras fuentes de ingreso para la familia, y se podría llegar a una situación en la que esos hijos envejecerán y tendrán una peso cada vez mayor en la familia, sin garantías generar las condiciones para vivir dignamente sus “años dorados”.

En 1961, el 45% de la población de Venezuela tenía menos de 15 años, y en 2011 bajó a 29%, es decir, que la población activa o en edad de trabajar (15 a 64 años) ha ido incrementándose. A su vez, toca prever también el crecimiento de los mayores de 65 años, que en la actualidad no llegan al 10% del total de la población, pero que dentro de unos 30 años podrían representar un 20%, lo cual nos pone frente a una sociedad que demandará más servicios de salud y seguridad social.

Estas cifras nos invitan a invertir en los jóvenes, quienes representan una inmensa oportunidad y responsabilidad para: educar y potenciar al talento humano, sobretodo en la secundaria y  en el ámbito técnico; fomentar empleos productivos; crear programas de promoción social orientados en temas como la salud sexual reproductiva, disminución de la violencia, integración social, ciudadanía, entre otros.

Hay que prepararse para el futuro, pues este bono no se da de “gratis” y tampoco se repetirá. Esto pasa por construir acuerdos colectivos que vayan más allá de las próximas elecciones y se piense solidariamente en los jóvenes y en los adultos mayores.

En lo personal, dentro de 30 años me tocará ingresar a la llamada tercera edad y me encantaría contar con unos servicios de salud y seguridad social de calidad. Sin embargo, aunque no sepamos cuál será el precio del petróleo para ese momento, estoy convencido de que con nuestro accionar o con nuestra omisión, sabremos en el futuro si supimos aprovechar esta oportunidad, o no. Si el reto es “construir el país que queremos en el país que tenemos”, definitivamente: La Cosa es Emprender.